COMPROBACIONES ANTES DE CONTRATAR UNA INMERSIÓN


Cuando se acerca la temporada fuerte de buceo todo nos parece más bonito, buen tiempo, paisajes de ensueño, gente amable en los centros y mucha gente compartiendo nuestra pasión por el mar y por el buceo.

En estas circunstancias, aumenta considerablemente la demanda de salidas de buceo, no solo por el turismo nacional, hemos de contar también con los turistas que vienen de fuera y los nuevos practicantes que inician su actividad.

Este aumento de la demanda de un servicio, genera que se incremente la oferta, actualmente, gracias a las nuevas tecnologías y a internet, es muy frecuente encontrar la oferta en respuesta a este aumento de la demanda a través de páginas, muchas de ellas creadas precisamente para cubrir la demanda estacional. Esto dificulta, y mucho, las labores de control administrativo que nos garantizan, que toda esa oferta, se encuentre dentro de la legalidad y nos ofrezca las mínimas garantías necesarias para el desarrollo con seguridad de esa actividad. Este es el escenario perfecto para la aparición de los oportunistas, o, como yo prefiero llamarles, PIRATAS.

Afortunadamente, en las zonas de buceo, los centros autorizados suelen conocerse todos y localizan fácilmente a los PIRATAS, aun así, hay gente que tiene mucho “arte” y suelen pasar inadvertidos, como si de buceadores particulares se tratase. El drama no viene si todo sale bien, es cuando hay un accidente, algo tan simple como una torcedura de tobillo durante el acceso a la zona de entrada, y no tendremos asistencia médica cubierta. Ahora imaginad que necesitamos acudir a la cámara hiperbárica o que nos tiene que socorrer Salvamento Marítimo, nuestro calvario está asegurado ya que los PIRATAS suelen tener una increíble habilidad para desaparecer.

Frente a una situación como la que hemos imaginado anteriormente, nos encontraremos totalmente desprotegidos y nos comportará un sinfín de incomodas gestiones y, en el peor de los casos, deberemos afrontar unos gastos que no nos corresponderían de no haber sido víctimas de los PIRATAS.

No podemos evitar que existan los PIRATAS, pero sí que podemos evitar caer en sus garras. En ocasiones no es fácil, conozco un caso de PIRATAS que tenían hasta un local y embarcación de 8 metros, no disponían de licencia del ayuntamiento, ni tan siquiera la embarcación estaba matriculada, y estuvieron “pirateando” hasta que, afortunadamente, los centros de la zona se cansaron de la situación y denunciaron a la autoridad municipal.

Para evitar este tipo de situaciones es importante que conozcamos nuestros derechos como clientes, especialmente si estamos interesados en probar una nueva experiencia para que no nos estafen. Normalmente, los establecimientos públicos tienen toda la documentación en regla debido, principalmente, a que la administración municipal ejerce un control efectivo sobre estos que reporta ingresos en forma de impuestos, los cuales y pese a que nos duela, son necesarios y repercuten, al menos teóricamente, en beneficio de los ciudadanos, este control obliga a que los establecimientos cumplan una serie de normas, por ejemplo, tener expuesto el cartel oficial sobre la existencia de hojas de reclamaciones a disposición del público, tener expuesto el horario de apertura y cierre en un lugar visible, que el personal que atiende al público esté debidamente identificado… son indicios de que en ese establecimiento cumplen con la normativa, no obstante, con preguntarles si nos pueden hacer factura de los servicios contratados o del material adquirido tendremos suficiente, si nos ponen objeciones o nos argumentan que no pueden hacer factura, algo no está funcionando como debería. En el momento en que hacemos efectivo el pago, ya sea por los artículos adquiridos o por los servicios contratados, lo mejor es que solicitemos la factura, ya sea en su versión simplificada o completa, éste es, además la mejor prueba de los servicios contratados, en vistas a presentar algún tipo de queja o reclamación y, por supuesto, para reclamar la garantía de cualquier producto, y es obligación de la empresa ofrecerla al cliente, aunque no sea una práctica habitual. Podría ser que el dependiente lleve poco tiempo trabajando y que no sepa hacer una factura, ¿increíble?, pues no, pasa con mucha frecuencia, pero suelen pedir ayuda a un compañero más veterano y se soluciona la cuestión.

¿Qué pasa si no nos la quieren facilitar o nos ofrecen documentos incompletos o sin identificación?, es probable que nos encontremos ante unos PIRATAS. Este tipo de gente no suelen querer dejar rastro de su actividad, a veces intentan colar unos recibos de caja impresos como si de facturas se tratara y que, cuando leemos la información que incluye atentamente, nos damos cuenta de que carece de validez legal y no ofrecen datos válidos.

Una factura es un documento oficial y legalmente vinculante, es obligación de las empresas emitirlas, también son válidos las facturas simplificadas o recibos de caja, y estos, igual que las facturas completas, deben contener la información fiscal de la empresa, en ocasiones puede no coincidir con el nombre comercial, pero eso es más habitual de lo que podemos imaginar, por ejemplo, nuestra marca registrada, que también da nombre a nuestra tienda, se llama FLOW CHECK, al igual que nuestro logo del bibotella, en cambio en nuestras facturas consta, además de la marca comercial, el nombre fiscal de nuestra empresa, que es Flow Check Buceo, S.L., además del nombre fiscal debe constar también el domicilio fiscal de la empresa, que tampoco tiene porqué coincidir con la sede social de la empresa, en nuestro caso sí que coincide, pero como digo, podría ser otro, imaginad un fabricante de una marca de ropa que tiene tiendas por toda España, el distribuidor o importador de la marca puede tener su domicilio fiscal en una de las tiendas o, en un lugar aparte, como podría ser un almacén en una zona industrial, el resto pueden ser sedes sociales o delegaciones, pero domicilio fiscal sólo puede haber uno, y, el número de identificación fiscal, antiguamente conocido como CIF. También deben constar la fecha de expedición de la factura y el número de la misma.

En las facturas que no sean simplificadas deben constar, además, los datos fiscales de la persona o empresa a la que se le emite la factura y, finalmente, el concepto, el importe neto, el tipo impositivo que se aplica, normalmente el IVA pero puede variar según la ubicación (IGIC en el Archipiélago Canario, etc.) y que puede variar según el tipo de artículo, aunque el más común es del 21%.

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